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Primavera de posibilidades

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Edwin Stanton, el incansable secretario de guerra en el gabinete del presidente Abraham Lincoln dijo al morir Lincoln, “Él pertenece a todas las épocas”. Casi lo mismo se puede decir de estas elecciones: Pertenece a todas las épocas.

Las elecciones retaron cosas que se pensaban verdad por muchos años, rompió récord el número que votaron, y rompió barreras que parecían invulnerables – de estas ninguna más históricas que la elección de un presidente afroestadounidense por primera vez. Y todo esto pasó con una campaña negativa que llamaba a lo peor del pueblo norteamericano. Pero, para crédito nuestro, repudiamos la política vieja de temor, división, palabras con significados racistas, ataques contra inmigrantes, y un llamado nostálgico a un tiempo y país que nunca existió.

Si la elección de Barack Obama fue una victoria monumental, la noche del Día de Elecciones fue un momento mágico. Cuando el presidente electo saludó a los cientos de miles de gente felicitándolo en el Parque Grant, fue difícil no pensar de las muchas luchas por la libertad que tomaron lugar a través de la historia de nuestra nación.

Si alguien cree que la democracia es no más que engaños en una sociedad capitalista, la elección de Barack Obama debe hacerlos reconsiderar tal pensamiento paralizantes. Una vez más aprendimos que la lucha por la libertad es una idea en contienda dependiendo de si uno ve a la libertad como algo inclusivo o exclusivo, dándole prioridad a los derechos humanos o a los derechos de propiedad, y como calibrando la relación entre el bien común o el bien individual.

Mientras millones pueden y debe sentirse orgullosos de la elección de Obama, los afronorteamericanos tienen un derecho especial. Aunque el pueblo norteamericano eligió al nuevo presidente, Obama es hijo del pueblo afronorteamericano. Esta no es la primera vez, ni será la última, en la que los afronorteamericanos y sus líderes han entrado dramáticamente en las coyunturas críticas en la historia de nuestro país para adelantar la democracia para todos.

Romper la barrera racial es monumental en la lucha por la igualdad y en contra del racismo. Claro está que no hemos entrado en la época posracial, pero las oportunidades para seguir debilitando a la ideología racista y barrer con las barreras institucionales que sostienen a la discriminación y explotación racista han crecido considerablemente. ¿No ha mostrado la elección de Obama y las declaraciones de Obama indudablemente que la lucha en contra del racismo y sus formas ideológicas e institucionales son de interés para los trabajadores blancos igual como para los que sufren de opresión nacional y racial? Como escribió Marx, “El trabajador de piel blanca nunca puede ser libre mientras el trabajador de piel negra esté encadenado”.

Decir que hubo un cambio radical el 4 de noviembre no es una exageración. Uno, el peor presidente de nuestra historia se va de Washington en desgracia. La política, ideología y símbolos culturales de su partido están desacreditados. El Partido Republicano está desorganizado y han empezado a echarse la culpa uno al otro. El modelo de estado demócrata o republicano y la estrategia del sur, una estrategia concebida exactamente 40 años atrás para dividir a la nación basado en raza, está destruido. Y la totalidad de la clase capitalista, no solo la sección más reaccionaria, está debilitada.

Segundo, está el cambio radical, se siente un sentido de felicidad, catarsis y renovación. Las expectativas están altas. Una nueva época de cambio progresista está por ponerse en movimiento. Si los pasados ocho años del gobierno Bush parecía un invierno de descontento profundo, la llegada de Obama a la presidencia se siente como una primavera de posibilidades.

EL HOMBRE, MOMENTO Y MOVIMIENTO

Los resultados de estas elecciones se debió a una convergencia de varios factores. Primero, el ambiente político fue tóxico para los republicanos. No podía ser peor. El surgimiento espontáneos de masa, empezando con las primarias en enero y continuando hasta el Día de Elecciones, fue otro factor. Entonces estaba la diversa coalición de gente y organizaciones populares que movilizaron a los millones a votar por Obama. Otro factor fue la campaña de Obama, distinguida por su estrategia sólida, con una ejecución casi perfecta, y el uso de nuevas técnicas de comunicación, crear conexiones y recaudar fondos. Otra razón por los resultados fue el juicio del pueblo estadounidense, especialmente los que estaban dispuesto a rechazar las ideas racistas innobles y contraproducentes. Indicar, como algunos lo han hecho, que los blancos dejaron a su prejuicio racial por el momento para votar por Obama es ver los resultados de manera incompleta. Algunos sí, lo hicieron. Pero lo que es sobresaliente y tenemos que notar es que millones de gente blanca de clase trabajadora de todas las edades y nacionalidades respondieron con entusiasmo a votar por Obama. Por último, el candidato en si mismo era maravillosa en hacer campaña. Cuando se combinan todos estos factores le dan una derrota al extremismo derechista, hay una afirmación de la decencia que tiene nuestro país y pueblo, hay un brinco adelante en la vía de la libertad y el mandato popular por un cambio.

Nadie, claro está, espera que conseguir ese futuro mejor será fácil. Hay, después de todo, ocho años de mal gobierno de extrema derecha que se tiene que corregir. La crisis económica está empeorando y profundizando. Los extremistas derechistas, aunque debilitados, todavía tienen suficiente influencia en el Congreso y otros lugares para bloquear medidas progresistas. Y las realidades de clase social todavía están incrustadas en nuestra sociedad.

No obstante, al elegir a Barack Obama y aumentar la mayoría del Partido Demócrata en el Congreso, el pueblo norteamericano ha tomado el primer y absolutamente necesario paso par construir una sociedad más justa. No estamos al borde del socialismo, claro está, pero es fácil ver que se están uniendo más una mayoría que realineará la política, no solo de poco a poco y por el momento, sino decisivamente y que perdurará hacia la justicia económica, la igualdad y la paz.

Aunque tenemos que ver los resultados de las elecciones objetivamente, yo argumentaría el el peligro más grande es el de subestimar el significado político de lo que pasó. Soy sospechoso de la sugerencia que moderemos nuestra felicidad y entusiasmo como si nada hubiese pasado.

COMO SON LAS COSAS HOY

El país está en un periodo de transición. En la Casa Blanca habrá un nuevo presidente, con el potencial de ser transformativo, junto con una aumento en las mayorías el Congreso. La conciencia de clase se profundiza y llegas a todos los sectores de la clase obrera. Se siente un espíritu de unidad amplia. El ambiente ideológico está inculcado con ideas progresistas e igualitarias. El movimiento laboral y sus aliados están cambiando sus prioridades, mensaje e iniciativas para el nuevo mapa político. Y millones están listo con energía para defender la agenda legislativa del gobierno de Obama. Mientras tanto, los republicanos están en la defensiva, sus constituyentes de base desanimados. Y la clase capitalista entera está adaptándose al nuevo terreno de lucha y el colapso de los mercados financieros.

Esta nueva correlación de elementos de clase y sociales favorables al pueblo no pudo ocurrir en mejor tiempo. Los retos que la nueva administración enfrenta son inmensos. Algunos a corto plazo, otros a largo plazo. Algunos son nacionales y otros globales. Todos necesitan soluciones.

Pero antes de hablar de estos, quiero hablar de la crisis económica que afecta a todo.

LA CRISIS ECONÓMICA

Si existiera algo como una maremoto económico, yo diría que estamos al punto de verlo. La crisis de hipotecas continua y no demuestra señal alguna de que está llegando a su final; los mercados de crédito y dinero siguen apretados; la bolsa de valores gira mientras sigue bajando; el desempleo sigue aumentando (especialmente en las comunidades de las nacionalidades y razas oprimidas) y seguirá aumentando; los salarios han bajado y la pobreza incrementa; el nivel de endeudamiento es astronómico y difícil de reducir próximamente. El poder adquisitivo de los consumidores, el motor de crecimiento económico de los 1990s, está llegando a su límite. Los gobiernos estatales y municipales están recortando empleos y servicios dramáticamente; la deflación – que sencillamente significa precios bajando en sectores importantes de la economía - es un riesgo lento y peligroso; y los mercados financieros no se han estabilizado como se ha visto en los problemas de CitiGroup. La economía no se ha deteriorado tan amplia y rápidamente desde la Gran Depresión, llevando a muchos economistas a pronosticar que la crisis será en forma de una L- larga y profunda.

A la misma vez la economía mundial se está apretando. Hubo un tiempo que la unidad principal de análisis económico era la economía nacional, pero en los últimos tiempos las tendencias y los hechos apuntan a la falacia de esta noción. Observando la economía y su posibilidades a través de un prisma nacional es un concepto equivocado y puede resultar en un análisis imperfecto y políticas ineficaces.

FINANCIACIÓN: “UNA ESPADA DE DOBLE FILO”

Mientras la turbulencia actual fue causada por el colapso de los mercados financieros, se sitúa ante que nada como resultado de los procesos a largo plazo del capitalismo que se remontan a mediados de los 1970s y el imperativo sistemático de maximizar las ganancias y la explotación que esto significa.

Hace 30 años el capitalismo fue acuciado por problemas que parecían inextricables y contradictorios - “inflación y desempleo alto, un declive en la confianza hacia el dólar como la moneda internacional, nuevos competidores en Europa y Asia, un retraso en el crecimiento económico, y sobre todo, una tasa de ganancias en decadencia”. Todos estos problemas pasaron en el contexto de y fueron formados por la sobreproducción en los mercados de materias primas.

Enfrentados con una economía que se estaba desenredando, un debilitamiento de el imperialismo norteamericano y una crisis de rentabilidad, el entonces presidente de la Reserva Federal, Paul Volcker, intervino y alzó la tasa de interés a unos niveles altísimos. Este aumento en la tasa de interés elevó el nivel de desempleo a los niveles más altos desde la Gran Depresión, causó el cierre de muchas fábricas y un gran número de fincas, le causó sufrimiento increíble a la clase obrera, especialmente a los trabajadores afroestadounidenses, latinos y otros trabajadores oprimidos, e impactó negativamente a la economía mundial, particularmente las naciones en desarrollo de Asia, África y la América Latina.

Creó, como sabemos muy bien, las condiciones para un ataque despiadado contra el movimiento sindical y sus aliados que no se había visto desde antes de la Gran Depresión.

A la misma vez (y de gran importancia para Volcker), eliminó a la inflación de la economía, restauró la confianza en el dólar (los inversionistas no les gusta acumular dólares cuando la inflación esta minando su valor), atrajo y dirigió el capital doméstico y extranjero masivamente de la economía real a los canales financieros donde las ganancias son más altas. Volcker, un banquero experimentado, sabía que el problema no era menos capital sino que demasiado y muy pocas oportunidades para invertir y absorberlo con ganancias en la economía “real”.

Al estar en los canales financieros el capital se quedaba ahí, pero no sin generar nada. Los agentes financieros del capital (los bancos, las casas de inversiones, fondos de operaciones compensatorios, compañías de valores líquidos, etc.) con todas las intenciones de generar ganancias en un ambiente competitivo y poca regulación entraron en una carrera desenfrenada de compras y ventas, préstamos e irse de juerga por las próximas tres décadas resultando en un explosión del sector financiero en terminó de empleos, transacciones, productos peligrosos, ganancias y ejecutores.

En otras palabras la financiación, que el economista Gerald Epstein , define como un proceso donde los motives financieros, los mercados financieros, los actores financieros y las instituciones financieras juegan más y más un papel en la dirección de las economías domesticas e internacionales, siguió su rumbo a un paso febril y amplio.

CAPITAL QUE PRODUCE POCO, DESTRUYE MUCHO

Si bien la causa de la financialización se ubica en las tendencias de estancamiento en el sector de producción de utilidades materiales de la economía estadounidense, y el debilitamiento internacional del imperialismo norteamericano, su lubricante es la producción y reproducción, a parecer interminables, de cantidades asombrosas de deuda – de corporaciones, de consumidores, y de los gobiernos. La deuda es tan vieja como el mismo capitalismo. Pero lo que es diferente en este periodo de financialización es que la producción de deuda, acompañada por excesos y burbujas especulativas, no fueron simplemente un episodio temporal caracterizando el fin de avances cíclicos, sino mas bien esencial para la estimulación y mantenimiento de la demanda de inversionistas y consumidores en todas etapas del ciclo. De hecho la financialización creció tanto que se convirtió en principal perjuicio que formaba la forma, estructura, interrelaciones, evolución y dinamismo de la economía al nivel nacional y mundial.

Sin burbujas especulativas generadas por el gobierno federal y la Reserva Federal durante los pasados 15 años en tecnología del Internet, luego en la bolsa de valores y últimamente en viviendas – el rendimiento de la economía nacional y mundial hubieron sido mucho peores. Pero, como a duras penas estamos aprendiendo, la financialización es una espada de dos filos. Mientras que estimuló la economía nacional y global, y restauró el poder del imperialismo estadounidense, a la vez dejó a nuestro país con una acumulación astronómica de deuda, introdujo la inestabilidad en nuestra economía y la mundial, drenó capital de la inversión privada y publica, contribuyó a la recuperación económica sin empleos, aumentó el nivel de la explotación en la producción de utilidades materiales, fue exitoso en arreglar la mayor redistribución de riqueza en nuestra historia, de las masas a las capas más altas del capital financiero, hizo la economía dependiente de la voluntad de inversionistas extranjeros de absorber cantidades masivas de deuda en la forma de valores de a corto plazo, y, finalmente, hizo inevitable que la eventual caída del ciclo económico fuera duro con una crisis mucho mas profunda.

En otras palabras, el crecimiento del sector financiero fue un remedio parasito para una economía torpe y un poder imperial en decadencia, pero como los sucesos han mostrado, no pudo para siempre ocultar y compensar por un crecimiento torpe en general. Una economía tipo “Wal-Mart” de salarios bajos, pocos beneficios y aumentos de deuda, cuando se combina con gastos militares masivos, no puede sostenerse y eventualmente produce una crisis.

Por supuesto requirió más que “terapia de choque” en la forma de tasas altas de intereses y luego la financialización para producir cambios de esta magnitud y abrir la puerta a una época de embestidas feroces en contra de la clase trabajadora, las minorías raciales oprimidas, las mujeres y otros sectores sociales. Si bien es cierto que el primer golpe vino de Volcker, fue la administración de Ronald Reagan, entrando en poder menos de un año después, luego las administraciones sucesores fueron los principales agentes políticos en este trastorno de la ideología, de la política y de la economía.

LOS REAGANISTAS: AGENTES PRINCIPALES DEL NEOLIBERALISMO

Al nivel ideológico, los seguidores de Ronald Reagan aseveraron que aquel gobierno que gobierna menos gobierna mejor, que los mercados son eficientes y se corrigen por si solos, que la riqueza se distribuye automáticamente en proporción a la labor que se hace, que la desigualdad de ingresos es una cosa buena, y que la desregulación y la privatización constituyen los mejores remedios para los males de los sectores privado y publico, que recortes de los impuestos de los ricos van pasando gota por gota a los de abajo, y que la marea alta levanta a todos los barcos.

Pero los reganistas no pararon ahí. Al nivel político-económico, desarmaron al modelo existente de manejo económico al nivel de los estados y corporaciones, que se había iniciado con el “Trato Nuevo” [“New Deal”, durante la administración de Franklin Roosevelt 1933-1945] y que se había mantenido y expandido bajo sucesivos presidencias por 30 años. Este modelo se basaba hasta cierto punto en cierto compromiso entre las clases sociales, obligaciones sociales, derechos sindicales, igualdad formal y políticas macroeconómicas expansivas que favorecían una prosperidad ampliamente compartida.

En su lugar, los reaganistas erigieron otro modelo distinto de gobierno de la economía que popularmente se llama el neoliberalismo. Este modelo no solo hizo posible una consolidación del poder de capital financiero sobre otros sectores capitalistas, sino también aprovechó del control que tenía sobre el aparato del estado para promover la desindustrialización y la exportación de producción, las actividades antisindicales, la desregulación económica, la mano de obra barata, bajos niveles de inflación, liberalización de comercio internacional, privatización y reducción del sector público, control férreo (al punto que fuera posible) sobre el movimiento de obreros entre países, la introducción otra vez de prácticas racistas y machistas en la economía, una redistribución masiva de las riquezas del país desde las masas a las familias y corporaciones más adineradas, y una reestructuración del papel y de las funciones del estado.

Este nuevo modelo, en combinación con una nueva disposición de utilizar la fuerza militar, se inventó con el fin de fortalecer la posición del imperialismo estadounidense tanto en este país como en el mundo, así cambiando la ecuación de explotación en una forma radical a favor de la clase corporativo transnacional, y sometiendo de nuevo a los países en vías de desarrollo. Pero como quien dijo, los mejores planes a menudo llegan a la nada.

El alza y baja del neoliberalismo se vincula orgánicamente a las dinámicas fundamentales del capitalismo. Mientras que el neoliberalismo ha necesitado sus sicarios en el estado y las de corporaciones, además de una serie de instituciones (el Banco de Reserva Federal y el Fondo Monetario Internacional por ejemplo) para facilitar sus procesos, es también sin dudas un producto de las leyes y tendencias del mismo capitalismo.

Aunque una estrategia anticapitalista sería prematura en esta coyuntura, se ve que la fe en el capitalismo por parte de millones de personas ha sido sacudida. Si uno los reta, muchas personas pueden defender al capitalismo todavía, pero sin el entusiasmo de antes, y ya escuchando con simpatía a proyectos que pueden reducir o controlar el poder de las corporaciones transnacionales. ¿Acaso hemos oído protestas en los centros industriales cuando el gobierno federal optó por una nacionalización parcial de la banca? Y estoy seguro que si el gobierno insiste en ejercer un control y hasta propiedad gubernamental en el sector automotriz, a cambio de la ayuda que se le pide, no habría oposición popular tampoco. La mayoría de nuestra gente diría “Ellos fracasaron -- ¿Para que darles algo a cambio de nada?”. En breve, los sucesos de los últimos meses y las últimas semanas constituyen una profunda derrota para el capitalismo ideológicamente, políticamente y económicamente.

Visto desde otro ángulo (y no voy a elaborar este punto), la implosión de Wall Street, ha constituido un golpe severo a los anhelos del imperialismo estadounidense para ejercer un dominio mundial sin rivales en el Siglo XXI. Cuando esto se combina con el fracaso de la guerra en Irak, la indignación mundial causada por las políticas de reajuste estructural y comercio internacionalmente desigual, la negativa de atender al asunto del calentamiento mundial y la pobreza masiva, y la aparición de nuevos centros de poder en casi todas las regiones del mundo, con China en primer lugar, esto señala una crisis terminal en la dominación estadounidense sobre el sistema de estados mundiales. En otras palabras, un mundo unipolar da paso a un mundo multipolar, que, además, presenta oportunidades y peligros para la nueva administración y para la humanidad.

De hecho una cuestión urgente para el pueblo estadounidense es la siguiente: ¿Se adaptará el imperialismo norteamericano, en una forma pacífica, a las nuevas realidades del mundo, o más bien empleará la fuerza masiva para mantener su posición en el mundo?

Bush optó por la vía de fuerza, pero fracasó, y saldrá de la Casa Blanca en enero totalmente desacreditado. Hay porque creer que la nueva administración vaya a optar por otro camino. Cuanto más allá irá es otra pregunta que todavía no puede contestarse. Basta decir que la redefinición del papel de Estados Unidos en el mundo, además de la desmilitarización (con la desnuclearización) está entre los asuntos más urgentes de la primera parte del Siglo XXI, tan importantes como el asunto del calentamiento mundial. A menos que atiendan a ambos asuntos, pueden amenazar a la existencia de la raza humana en este planeta.

UN NUEVO NUEVO TRATO

En la actual coyuntura es evidente que la administración de Obama entra en la Casa Blanca con enormes retos. A la vez, ningún presidente en tiempos recientes ha traído a su posición tanta buena voluntad de parte del pueblo, un Congreso dominado por su Partido Demócrata, un mandato electoral a favor de cambios progresistas, y un movimiento de base que lo apoya con energía.

Juzgando por lo que ha dicho, Obama quiere ser un reformista popular. En el transcurso del tiempo espera poder hacer cambios substanciales en cuidado de salud, viviendas, escuelas, seguridad para los jubilados, energética, el medio ambiente, asuntos urbanos, relaciones raciales y de sexo, relaciones exteriores y participación popular en los asuntos públicos. Si bien los últimos 30 años han constituido una época de retirada popular, Obama percibe a los años que vienen como una era de reformas substanciales para el pueblo. Desde su perspectiva, las fronteras de política, democracia y reforma en una formación capitalista son elásticas y por lo tanto pueden expandir bastante.

El reto inmediato para la administración de Obama será de revitalizar a la economía. Y la pregunta básica que tendrá que contestar es “A corto plazo, ¿De donde vendrá el dinamismo económico?”. Sabemos que no vendrá de los consumidores estadounidenses cuyos gastos sostuvieron la economía nacional y global de la ultima década, pues están en apuros. Sabemos que no vendrá de la inversión por parte de corporaciones en planteles y maquinaria: Lejos de expandir sus inversiones, las corporaciones las están reduciendo a causa de la sobreproducción en los mercados mundiales de utilidades. Sabemos que no vendrá de la Reserva Federal: La cotización de fondos federales, que controla lo que la Reserva Federal presta a los bancos, se encuentra en un punto bajo histórico que puede hasta bajarse un poquito más, pero los recortes hasta la fecha parecen no haber tenido mucho impacto en los préstamos por parte de bancos y en la economía en general. Sabemos que no vendrá por gente en el extranjero que compran nuestros productos exportados, pues ellos también están en problemas. Tampoco vendrá de las economías de los países europeos que están en las mismas. Ni tampoco vendrá de los países en vías de desarrollo que están en una situación muy negativa. Finalmente, sabemos que no vendrá de los excesos y burbujas especulativas, esa forma de estimular a la economía se ha agotado, a lo menos por el presente.

Entonces, ¿De donde vendrá el dinamismo que la economía necesita a corto plazo? La respuesta es, mediante una expansión fiscal masiva, es decir, por inyecciones masivas de dinero en la economía por parte del gobierno. China va en la vanguardia con su plan de estimular su economía con medio billón de dólares del gobierno. Ojalá que el experimento chino se difunda a otros poderíos económicos. Dada la naturaleza de esta crisis y la integración de la economía mundial, cada uno de estos países necesita meter miles de millones de dólares para levantar de nuevo la demanda agregada para mercancías y servicios al nivel nacional y global.

La administración de Bush no entiende todo eso pero la de Obama sí, y con el apoyo del Congreso va a tomar acción inmediata. Podemos esperar, y debemos apoyar completamente, un plan de estimulo económico por parte de la nueva administración que incluye entre otras cosas: extensión del periodo para recibir compensación por desempleo, ayuda a los dueños de casas que tienen problemas, ayuda a los gobiernos estatales y municipales, extensión de los cupones de alimento, proyectos de construcción de infraestructura, y por el estilo. Lo único que no se ha resuelto es la cantidad de este programa para estimular a la economía. Nuestra opinión es que debe ser alrededor de un billón de dólares o más.

Esto además de ayuda (con condiciones) a la industria automotriz, y la estabilización y regulación de los mercados financieros y de viviendas, se debe considerar los elementos fundamentales del plan de recuperación de la administración. No hay manera de saber si esto será suficiente, a estas alturas. A partir de enero o un poco después, medidas más radicales pueden sean necesarias.

A lo largo, transformaciones estructurales de una naturaleza más radical, organizadas desde las base hacia arriba, son necesarias si el capitalismo va a recuperar una trayectoria de desarrollo que es robusto y favorece los intereses de la clase trabajadora definida en una manera amplia, sus aliados y también el planeta.

Cabe agregar, sin embargo, de que aunque se lleven a cabo estos cambios, no hay garantías de que la economía vaya a recuperar en una forma robusta y completa. Según el sentido común y los economistas burgueses, niveles altos de crecimiento, niveles bajos de desempleo y ganancias saludables son las condiciones normales de una economía capitalista. Desviaciones de esta norma, se dice, no son más que momentos efímeros durante los cuales el capitalismo elimina las barreras al crecimiento en el futuro y así crea las condiciones de una nueva expansión que supera lo antes logrado en producción, empleos y ganancias.

Tal vez eso haya sido el caso en etapas previas del desarrollo del capitalismo, pero hay bastante evidencia para cuestionar este escenario para el futuro. De hecho hay que preguntarse cuales son las posibilidades para el capitalismo en Estados Unidos y el mundo en el futuro. ¿Acaso fueron los años 1945-1973 la “época dorada” del capitalismo estadounidense, cuando las tasas de crecimiento económico, niveles de inversión, y niveles de vida popular seguían hacia arriba, una aberración? ¿Seguirá el patrón de los últimos 30 años, con crecimiento torpe y desequilibrado, en el futuro, pero a un nivel más bajo? ¿Acaso el capitalismo norteamericano, que existe en una economía mundial ultra competitiva que contiene fuerzas internas (en primer lugar, sectores del mismo capital) que resisten a los cambios estructurales, es capaz de tomar un camino diferente de crecimiento robusto basado en la industria, tecnología y empleos verdes, en la desmilitarización, y en aumentos del nivel de vida de la clase trabajadora?

Dada el incertidumbre que caracteriza la trayectoria del capitalismo a largo plazo, la contracción de la economía capitalista, y la probabilidad de que los remedios actualmente bajo consideración van a aliviar la situación solamente a corto plazo, la administración de Obama y la coalición masiva multiclasista y de muchos sectores que lo apoyan, por cierto van a tener que bregar con estas preguntas:

¿Será el caso que la reforma y el proceso de reestructuración solo toque en forma marginal a las ganancias y prerrogativas de las corporaciones, sin transformaciones de sustancia? La intervención del gobierno ¿incluirá tomar control completo con un carácter antimonopolístico, o solo consistirá de medidas interinas para estabilizar a los mercados turbulentos? ¿Serán de a corto plazo y modestos los gastos del gobierno hechos para combatir a la crisis, o más bien serán de largo plazo y de cantidad adecuada para sostener la recuperación – algo que el “Trato Nuevo” jamás logró? ¿Qué tan profunda será la reforma de los mercados financieros? ¿Se mejorarán solo un poco los derechos sindicales, o mucho? ¿Cómo van a negociarse los tratados comerciales internacionales con los intereses de la clase trabajadora mundial como una consideración principal? ¿Se van a implementar medidas audaces para lograr igualdad de condiciones de vida para las minorías oprimidas por raza o nacionalidad, y para las mujeres? ¿Se va a considerar públicamente la nacionalización de los sectores financieros y energéticos? ¿Va a haber una reforma profunda de viviendas, escuelas y cuidado de salud? ¿Qué tal la política exterior y el militarismo? ¿Se van a resolver en una forma pacífica la ocupación de Irak y la guerra en Afganistán? ¿Van a dirigir al capital de usos no productivos (fuerzas armadas, finanzas parasitas, etc.) para producir inversiones para una economía verde y una infraestructura para el público? ¿Y hasta que punto va la nueva administración a enfatizar un nuevo arreglo entre el capitalismo y el sur?

SE NECESITA UN NUEVO MODELO PARA ADMINISTRACIÓN ECONÓMICA

Para tratar del mismo tema en otra forma: ¿Vamos a tener reformas políticas y económicas de un compás modesto, o van a abarcar, en una forma audaz, un modelo nuevo de gobernación política y económica al nivel del estado y de las corporaciones, un nuevo “Trato Nuevo”? Con eso quiero decir una configuración nueva del papel del gobierno y de las corporaciones para que favorezcan la clase trabajadora, las minorías oprimidas, las mujeres, la juventud, los ancianos, los pequeños comerciantes y otros sectores populares.

Tal modelo utilizaría las lecciones del Trato Nuevo, pero al fin y al cabo debe elaborarse basado en las condiciones actuales, y los requisitos para avances para los sectores más amplios del pueblo estadounidense, además de la humanidad. Ya ningún país y ningún pueblo es una isla, pues todos o nadamos o nos ahogamos juntos.

Tal modelo nuevo de gobernación no sería socialista pero, sí será un reto al poder, ganancias prerrogativas de las corporaciones, insistiría en paz e igualdad, extendería los derechos sociales y económicos, democratizaría las entidades estatales y paraestatales como la Reserva Federal, proporcionaría a las comunidades, a los trabajadores y a los pequeños negocios una voz en las decisiones de las corporaciones, considerar seriamente la nacionalización de los complejos de finanzas y energética, implementar una desmilitarización, cambiar a una economía verde, y responder en una forma constructiva a los nuevos retos y relaciones de poder en el mundo.

Condiciones de la gran depresión obligaron al presidente Franklin Roosevelt y sus asesores – impulsados también por un fuerte movimiento masivo de base, de los sindicatos industriales y la multirracial clase trabajadora – a configurar el papel del gobierno para beneficiar al pueblo. Dicha configuración no fue nada fácil y nada se logró en un solo día. Mas bien, fue un proceso en contienda que tomó tiempo, y que requirió la unidad entre la coalición dirigida por Roosevelt en todas sus etapas, acción política independiente en el gobierno y en las calles, y bastante improvisación y empiricismo. El movimiento amplio del pueblo haría bien en estudiar la experiencia del Trato Nuevo, no en una forma mecánica sino con el fin de aprender lecciones para las luchas y los retos de hoy.

¿CAMBIO DE ESTRATEGIA?

Como dije antes, estamos en un período de transición en el cual han cambiado los contornos y las relaciones de clase de la política norteamericana hasta tal grado que tenemos que reajustar nuestra política estratégica. Nuestra política de concentrar nuestros esfuerzos en contra de la extrema derecha y sus patrocinadores corporativos reaccionarios y de forjar la más amplia unidad en contra de ellos, discutido en estas reuniones e incluido en el programa de nuestro partido, capturaba las realidades de clase de los últimos 30 años. En las elecciones de este año aplicábamos esa política de manera consistente y con creatividad. Es cierto, hicimos un reajuste de esta política a nivel táctica en enero de este año luego de haberse concluido que Obama tenía posibilidades de reunir y dar vos a una coalición de todo el pueblo y de ganar las elecciones con un margen decisivo.

Mirando atrás, no sería una falta de modestia decirles que tanto nuestra política que nuestro reajuste táctico fue correcto. No debemos reclamar el derecho de halagarnos, pero sí podemos decir que nuestra estrategia y nuestras tácticas capturaron mejor que ninguna otra organización o movimiento de izquierda el cálculo político del proceso electoral, hasta la posibilidad de una victoria decisiva.

Esto no quiere decir que no tuvieron consecuencia ningunos de los otros movimientos y organizaciones de izquierda, porque sí la tuvieron, pero ninguno de ellos mostraba tanta coherencia política en sus políticas estratégicas y tácticas que nosotros. Ni tampoco hicieron el trabajo cotidiano de base con la misma consistencia que nosotros.

Dicho esto, el nuevo terreno político luego de las elecciones nos obliga hacer cambios, tanto estratégicos que tácticos. Nuestra política estratégica actual, y creo que van estar de acuerdo, ya no corresponde a la situación actual. Pero, de la misma manera, yo quisiera proponer que en este momento tampoco sirve perfectamente bien nuestra estrategia antimonopólista.

Ahora y durante el futuro previsible, el país está en una transición política que contiene elementos del pasado y del futuro. Con esto se contraindica cualquier esfuerzo por contener la dinámica política del momento dentro de un armazón estratégico rígido y esquemático. Nuestra política estratégica es aparato conceptual (o guía a la acción) cuyo propósito es ofrecernos una primera aproximación de lo que esté pasando en tierra firme entre las principales fuerzas sociales y de clase, cual de ellos tiene la ventaja, y qué se necesita para mover el proceso político en dirección progresista. No pretende capturar la realidad en toda su complejidad y carácter contradictorio, mucho menos en un período transitorio como este. Así es que la idea estratégica de etapas de lucha tiene que ser empleado con juicio y flexibilidad, o como a algunos les gusta decir, dialectalmente.

Entonces en breve, ¿cómo están alineadas las distintas fuerzas? Comencemos con Obama. Durante las elecciones, resistimos correctamente la tentación de contenerle a Obama dentro de una categoría política herméticamente sellada. Debemos seguir con esa práctica. No creo que nos ayudaría mucho calificarlo como burgués o político centrista, aun si comienza gobernando desde el centro.

Obama es una figura política extraordinaria. Posee profundas sensibilidades democráticas, un sentido de historia y modestia, y un sentido casi instintivo por el estado de ánimo nacional. Luego de las elecciones es el líder una coalición multiclasista bastante extendida a favor del “cambio,” realidad que constituye un nuevo universo político al cual todos han de relacionarse. Abraza una agenda de reforma en una época de reforma cuyo carácter político será decidido en los años que vienen. Muchos, entre ellos nosotros, hemos usado las palabras “transformacional” o “transformador” para calificar a su candidatura, es decir, una candidatura capaz de reunir a una amplia mayoría popular para configurar los términos y el terreno de la política en este país de manera fundamental. Se puede decir lo mismo de las potencialidades de su presidencia.

Obama todavía no se acaba con Obama. Al igual que otros grandes líderes, es una obra en progreso que ha mostrado una capacidad de crecimiento mientras cambian las cosas y surgen nuevos problemas. Sin duda alguna, sentirá presiones competitivas, pero también dejará su propia huella política sobre las decisiones presidenciales, muy parecido a lo que hicieron Lincoln y Roosevelt. Qué bueno que posee Obama estas calidades porque está heredando problemas tremendos. Consultando con los demócratas en el Congreso y con las organizaciones principales de la coalición popular, decidirá la agenda y determinará el calendario de las iniciativas legislativas para el próximo año.

Sin embargo, no hay que ponernos locos cuando él nomine a alguien cuya política no nos gusta. No debemos esperar que vaya quedar esta administración libre de los representes de Wall Street ni a los demócratas a lo viejo, ni siquiera a uno que otro republicano. La presencia de ellos no define necesariamente las inclinaciones de la administración Obama, ni tampoco nos dice exactamente cuales serán sus prioridades políticas. No pudiera ser nada peor en este momento que forzar la política a categorías fijas y congeladas de una mano, e ignorar la nueva dinámica política y los movimientos que surgieron de las elecciones de la otra. Dejémonos a Obama algún espacio; millones de otros sí lo harán, incluyendo, sospecho, a los líderes principales de los movimientos sindicales y populares. El marxismo es guía a la acción, y no un dogma.

Y luego hay las redes y comisiones de base que lo apoyan a Obama. Resultaron formidables en las elecciones estas formas de organización y acción generadas por el Internet, y a lo mejor seguirán siendo una fuerte presencia en los años venideros. Contienen una diversidad de gente, incluyendo a muchos jóvenes, todos muy leales a Obama, y estos pondrán su peso tras su programa. En algunos lugares somos parte de redes “Sí se puede,” y debemos seguir así; donde no la somos, nosotros (juntos con otros) debemos hacer conexiones con ellos.

EL PARTIDO DEMÓCRATA

Es muy cierto que el Partido Demócrata no es partido popular anticapitalista. Sin embargo, contiene una variedad de corrientes. En las últimas elecciones ganaron tamaño e influencia sus corrientes centristas y progresistas. Aunque su carácter luego de la victoria contundente de Obama no es de izquierda en su punto de vista, los congresistas liberales y progresistas gozan de un viento a la popa, mientras los demócratas de ala derecha sufren del viento contrario. Lo de 1992 no se repite.

Mientras que algunas secciones de la clase dominante se vayan a oponer a Obama a cada paso, otros sectores lo acomodarán y prestarán su apoyo a muchas de sus iniciativas legislativas. Algunos de esta clase formarán parte de su administración. El capitalismo norteamericano ya se encuentra en una crisis de tanta gravedad a nivel doméstico y mundial que reconocen los sectores más serios de la clase dominante la necesidad de reformar y reestructurar al capitalismo, pero en su vista, siempre dentro de límites muy prescritos. Hasta el más progresista entre ellos tratará de retardar y restringir la envergadura del proceso de reforma y reestructuración.

Y luego hay las amplias fuerzas populares, entre ellas los comunistas. Siguen evolucionando estas fuerzas de manera positiva. La unidad ya ha alcanzado un nivel más alto. Camina su política por líneas anticorporativos, igualitarias y antimilitaristas. Se expresan con un rango de formas organizativas. En estas elecciones caminaban estas fuerzas con botas de siete leguas, dándoles duro sin tomar prisioneros. Al parecer, nada les pudo detener.

Participarán energéticamente estas fuerzas ligeramente agrupadas en las luchas del período que viene. Seguirá el movimiento sindical jugando un papel organizativo y político especial.

A la vez, los trabajadores y sus aliados, mientras avancen vigorosamente a su propia agenda, tienen que ajustarse al nuevo ámbito de la coalición pos electoral por el cambio que ha surgido bajo la conducción de Obama. Nunca antes ha existido una coalición tan amplia en el escenario política de nuestro país. Es aun mucho más grande que la coalición que surgió de la convención del Partido Demócrata en agosto.

Además, su potencial de crecimiento es enorme. Hay números significantes de trabajadores blancos y de pequeños comerciantes, por ejemplo, que no votaron por Obama pero que se pueden ganar para las posiciones progresistas y antirracistas de lucha que avanza.

Como Uds. pueden ver, esta coalición por el cambio incluye a varias fuerzas políticas con distintas lealtades de clase. No hay luchas puras a ninguna etapa de la lucha. De hecho, en una coalición así, amplia y multiclasista las relaciones serán tanto contestadas como cooperativas. Promoverá cada componente sus propios puntos de vista y tratará de poner su propio sello a la lucha global, aun más mientras más se profundice la crisis económica.

Tratándose de nosotros, podemos proporcionar liderazgo solamente hasta el grado en que estemos en las trincheras del más amplio movimiento popular conducido por los trabajadores, proyectando este resurgimiento popular a todas direcciones. Solamente si nos hacemos presentes, haciendo contribuciones prácticas a las luchas inmediatas, y especialmente en lo económico, podremos ayudar a prestar coherencia política a esa amplia coalición.

Sí debemos introducir al proceso cuestiones y posiciones más avanzadas que van más allá de las iniciativas de la administración Obama y la amplia coalición multiclasista que la apoya a múltiples niveles. Pero hay que hacerlo siempre dentro del marco de la tarea principal: la de apoyar al programa de acción de Obama, fortaleciendo la amplitud, profundidad y participación de las fuerzas centrales. Tenemos que aprender a dominar el arte de combinar las demandas parciales con las más avanzadas. Las demandas parciales sienten las bases de formación para una más amplia unidad en acción.

Por supuesto, el cambio no será fácil. Llegarán de muchas partes presiones por debilitar o hasta congelar medidas progresistas y anticorporativas; desde elementos de la administración misma, de congresistas y de la clase dominante que tiene las manos metidas en cada ramo del gobierno y que controla los grandes medios informativos.

Sin embargo, no debemos asumir que la administración Obama siempre trazará un curso correcto. Eso no es dialéctico porque no toma en cuenta el mandato de las elecciones, la nueva influencia que tiene el movimiento sindical y sus aliados, y quizás lo más importante, los acontecimientos más globales en la economía. No debemos trocar con gente de izquierda que proponga que los protagonistas principales durante el período que viene son la administración Obama y los demócratas a un lado y el pueblo al otro. Finalmente, debemos tener poca simpatía hacia algunos de izquierda que van a esperar hasta que tropiece Obama para luego llamar de inmediato por una separación y tratar de transformar a esas amplias fuerzas en una oposición antagonista. En realidad, es muy probable que el mayor reto para las fuerzas centrales en esta coalición multiclasista será el de resistir intentos por parte la reacción y por algunas fuerzas de izquierda por contraponer a la administración Obama y el Congreso a los sectores principales de movimiento popular sobre una u otra cuestión. Donde hay (y sí habrá) diferencias entre la administración y las amplias fuerzas democráticas sobre nombramientos, legislación u otras acciones, estas diferencias han de manejarse de manera que no se quiebre la unidad global.

La izquierda sí puede y debe ofrecer sus propias visiones y tener sus diferencias con la administración Obama sin ponerse desagradable. Su tono debe ser respetuoso. Nos dirigimos a un amigo. Cuando tomen la administración y el Congreso iniciativas positivas, estas deben ser recibidas con bienvenidas de todo corazón. Tampoco debemos pensar que se cumplirá todo dentro de 100 días. Hay que recordar que elementos principales del Nuevo Trato fueron promulgado en 1935, 1936 y 1937.

Aunque no estemos en la etapa socialista del proceso revolucionario, sin embargo estamos en camino, el único camino que nos conducirá hacia el socialismo; a una sociedad igualitaria hasta cierto sentido, que elimine a la explotación a los trabajadores, que ponga fin a todas las formas de opresión, y que sea notable por la participación multiforme de los trabajadores y sus aliados a todos niveles en el manejo de la economía y del estado.

En la plaza pública ha crecido enormemente el espacio para las ideas socialistas. Estas ideas ya se pueden discutir fácilmente con mucha gente y con dirigentes de organizaciones populares. Además, la fuerza de los acontecimientos económicos les obligará a millones más a considerar las ideas socialistas que antes fueron descartadas de antemano. Pero nuestra visión del socialismo tendrá resonancia siempre y cuando se dirija a las sensibilidades y los retos contemporáneos. No puede ser estreno del socialismo del Siglo XX.

LOS COMUNISTAS

Nuestro papel, como he tratado de decir, es el de ser parte de las luchas que avanzan, comenzando con asistir a la inauguración y animarles a otros a hacer lo mismo. Será un magnífico evento y una expresión pública del apoyo a Obama así como una expresión masiva a favor del cambio.

Dada la situación global de la economía, tenemos que reenfocarnos sobre las luchas económicas. Aunque van a tomar muchas formas, subirá más de importancia la cuestión de los trabajos mientras más descansos hay. Sin duda alguna, golpeará esta crisis con fuerza destructiva a las comunidades afronorteamericanas, latinas, asiáticas e indígenas. Ya anda en dos figuras la taza de desempleo.

En esta lucha hay que reencontrarnos con otros: con el movimiento sindical, con los oprimidos por razones de nacionalidad y raza, con las mujeres y los jóvenes. Para saber qué hacer, tenemos que pensar muy duro y también consultar con la gente y las organizaciones con quienes estábamos trabajando en las campañas electorales.

Vienen a la mente un par de ideas: Debemos pensar en comenzar reuniones para discutir la crisis económica y cómo responder a ella a nivel local, estatal y nacional. Estas reuniones deben ser muy amplias en su participación y patrocinio. También debemos movilizar apoyo por el plan de estímulos económicos de Obama, por la ayuda a los fabricantes de autos, aunque sea con condiciones, y por una ayuda inmediata a los dueños de casas. A lo mejor, tienen Uds. mil ideas más y debemos discutirlas.

Además de unirnos a las luchas económicas y proyectar demandas programáticas, debemos producir también volantes con puntos de discusión y artículos analíticos para explicar las raíces de la crisis y las fuerzas políticas que han de ser reunidas y unificadas para ganar reformas, tanto inmediatas que a más largo plazo.

En estas y demás luchas tenemos que hacernos maestros de la construcción del Partido, de la prensa y de la Liga de Juventud Comunista. No quiero sugerir que ya son ilimitadas las oportunidades para construir el Partido y la prensa, pero sí han crecido inmensamente.

Permítanme terminar con decirles que eso de estar al lado ganador se siente bastante bueno Estoy seguro que se sienten iguales todos Uds. A la misma vez, debido a esta victoria histórica, nosotros y el más amplio movimiento del cual formamos una parte ya tenemos trazada nuestra tarea para los años que vienen. Es un gran reto, pero nos hemos enfrentado a otros retos. Así es que vámonos adelante con un sentido de confianza, de que los mejores días de nuestro país todavía están por llegar. ¡Sí se puede! Gracias.





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